sábado, 8 de noviembre de 2014

La historia vuelve a repetirse

La historia vuelve a repetirse…
el mismo amor, la misma lluvia,
el mismo, el mismo loco afán
…”
Del bolero “Por la vuelta”, Felipe Pirela
I
Los venezolanos tenían un país. Pero creían que no. A finales de los años 50, Venezuela hizo una Transición pacífica y pactada entre los partidos políticos, de la dictadura a la democracia. El resultado de esa transición fue un período de estabilidad, progreso y movilidad social, el más largo que ha tenido Venezuela en su historia.
Los venezolanos tenían un país. Era un buen país. Sí, tenía sus fallas y sus problemas, como los tienen todos los países. Había pobreza, corrupción, sí… Cada país tiene sus problemas, diferentes pero siempre relevantes para la gente que vive en el país.
Pero Venezuela era un buen país. Era un gran país. Con recursos naturales, con instituciones, que dio a los venezolanos, a los inmigrantes y a sus hijos, bonitas oportunidades para crecer, estudiar, emprender y progresar. Había gente que estaba bien y otra que no… Pero a la gente que trabajaba y se esforzaba, normalmente le iba bien.
Los venezolanos tenían un país… Pero creían que no. Y como creían que no, y además creían (de buena fe) que no podían estar peor, 40 años después decidieron elegir y votar al ‘mesías’ que estaban esperando. Un Don se les presentó y les contó que la Transición había sido mala, muy mala; que todo en Venezuela era muy malo y estaba muy mal; que solamente él (y sólo él y los que piensan como él) estaban capacitados para corregir los problemas del país, y que sólo cuando ellos gobernaran, habría ‘justicia social’ y todo en Venezuela estaría muy bien.
Aunque todos conocían al señor y a sus pésimos antecedentes, y aunque algunos les advirtieron de su ideología colectivista, que él negó y ocultó para no perder votos, los venezolanos estaban tan (comprensiblemente) hartos de la corrupción y del bipartidismo, que le creyeron al Don, los convenció y votaron por él. Los venezolanos le creyeron cuando les dijo que el problema de Venezuela eran las ‘cúpulas podridas’ de los partidos y los políticos, y solamente ellos, y que cuando los cambiaran (para que gobernara el Don), los venezolanos encontrarían –por fin y como nunca antes– la ‘felicidad social’.
15 años después de elegir al mesías, los venezolanos entendieron que antes sí tenían un país… Y que ahora lo extrañan. Que sí, es verdad, tenía sus fallas y sus problemas, pero que era un buen país. Que los demonios no eran los políticos, o no solamente ellos. Que sus demonios (ocultos) eran la corrupción generalizada (y no sólo entre los políticos); la cultura predominante del asistencialismo y el Estado benefactor que debe proveernos de todo; el hábito del ‘enchufismo’ y la riqueza fácil y rápida; así como la intolerancia, la escasa cohesión social y el ‘exclusivismo’ de buena parte de las clases alta y media, que se forjaron sus ‘burbujas’ de bienestar mientras los servicios públicos se venían al piso.
15 años después, Venezuela es un país demolido por la ideología colectivista; la corrupción desenfrenada entre las instituciones públicas y entre privados ‘enchufados’ que se valen de sus privilegios para traficar divisas, contratos y cuantos bienes y servicios escasean en el país; la inseguridad en todos los ámbitos de la vida social; y sobre todo, por la impunidad extendida.
15 años después, la mayoría de los venezolanos están arrepentidos y muchos tuvieron que emigrar del que era un gran país, Venezuela, al que es todavía un gran país, España.
II
La historia vuelve a repetirse…
el mismo, el mismo loco afán
…”
Los españoles tienen un país. Pero creen que no… [vuelva a leer el capítulo I, pero cambie Venezuela por España, venezolanos por españoles y "cúpulas podridas" por "castas"].
15 años después (o antes) la mayoría de los españoles podrían estar arrepentidos.