viernes, 11 de abril de 2014

¿Dialogar o no dialogar?

A raíz del diálogo político impulsado desde la UNASUR y aceptado por el gobierno de Venezuela, sus adversarios han dividido sus opiniones en torno a si es conveniente o no, que la dirigencia opositora y estudiantil participe en ese espacio de negociación.
Hasta el momento de escribir estas líneas, la mayoría de los partidos políticos asociados en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), así como los gobernadores opositores (Capriles, Falcón y Guarulla) aceptaron participar en el diálogo, y así lo harán a partir del 10 de abril. Sin embargo, Voluntad Popular (partido cuyo coordinador es Leopoldo López, hoy encarcelado), María Corina Machado y Antonio Ledezma han declinado su participación, e incluso han cuestionado que el resto de la MUD lo haga (al igual que sus seguidores, muy activos en las redes sociales y muy visibles en algunas protestas).
Tampoco participarán en el diálogo –no se sabe si porque no los invitaron, o porque se niegan a participar– los representantes del movimiento estudiantil. No obstante, el Secretario Ejecutivo de la MUD, Ramón Guillermo Aveledo, declaró el miércoles que se le solicitó al gobierno la participación del movimiento estudiantil, por gozar este de autonomía respecto de los partidos y tener su propia representación (electa) y legitimidad.
Sobre la conveniencia (o no) de participar en un diálogo político, ayer en la tarde tuiteé 15 reflexiones, que reproduzco (y amplío) acá.
1.           Es absurdo que quienes dudan del Diálogo para lograr sus objetivos, pidan lo mismo al Gobierno antes de dialogar. No tiene sentido dudar del diálogo como mecanismo efectivo para –por ejemplo– lograr la liberación de los presos políticos, y al mismo tiempo exigir lo mismo como condición previa al diálogo (salvo que la intención sea, justamente, ponerle trabas el diálogo).
2.            Igualmente es absurdo que se desconfíe del Diálogo con el régimen, pero se crea que (sin Diálogo) el régimen cederá en algo. No es comprensible que se dude de la capacidad del régimen para ceder total o parcialmente en el curso de un diálogo o negociación, y al mismo tiempo se crea que ese mismo régimen tiene la capacidad o la disposición de consentir en alguna exigencia sin siquiera haber llegado a la negociación.
3.         El Diálogo no es un fin, es un medio. Los objetivos del diálogo no pueden lograrse antes de dialogar. Nadie debe creer que la solución final a la crisis es haber llegado a una mesa de negociación. Más bien, la mesa de diálogo es apenas (o puede ser) un espacio para proponer y acordar soluciones a la crisis social y política, razonablemente satisfactorias para los sectores en conflicto.
4.         Liberar a presos políticos –por ejemplo– no debe ser una "condición" previa al diálogo… Pero sí un tema obligatorio de la agenda y una exigencia. No puede pretenderse que los objetivos de las protestas –y del diálogo– se alcancen antes de dialogar. Si el régimen concediera voluntariamente todo lo que las diversas oposiciones –y buena parte del chavismo– le piden, ya no sería necesario protestar ni dialogar. Cada parte va al diálogo, precisamente, para intentar conseguir el máximo posible de sus respectivas aspiraciones.
5.            La MUD no representa a toda la oposición. Claro, es que NADIE representa a TODA la oposición. Los adversarios del diálogo han sostenido que no se sienten representados por la MUD –y suena razonable que así sea– y, aún más: que la MUD no representa a toda la oposición –lo que también suena razonable– Pero también es cierto que, (1) La mayoría de los partidos políticos asociados en la MUD aceptaron participar en el diálogo, (2) Por los votos obtenidos en las recientes elecciones, esos partidos representan a la mayoría de los opositores; y, (3) Independientemente de lo anterior, indudablemente representan a todos o a buena parte de los ciudadanos opositores partidarios de dialogar (que son tan venezolanos y respetables como los adversarios del diálogo). Nadie en la oposición –nadie– puede atribuirse la representación de toda la oposición, y nadie –en lugar alguno– puede apropiarse de la auténtica interpretación de la realidad venezolana, de la defensa de “la verdad” o del “lado correcto de la historia”.
6.      Hay desconfianza entre quienes dialogan. Por eso es que se necesitan testigos-mediadores (que los hay). Como bien lo escribió Luis Vicente León, las negociaciones durante las crisis suelen ocurrir entre actores que desconfían unos de los otros (¿acaso alguien cree que Mandela confiaba en De Klerk, o la oposición democrática española en Adolfo Suárez, heredado de la dictadura franquista?) Sin embargo, la negociación se vuelve vital para otorgarse concesiones recíprocas y rescatar una convivencia razonable, que no comprometa los principios esenciales de cada sector. En estas circunstancias, lo clave no es tener confianza en la otra parte, algo que (probablemente) nunca ocurrirá, sino que ambas confíen en el mediador.
7.            Si el régimen sabotea o manipula el Diálogo, queda siempre la opción de retirarse (y habrá testigos de por medio). El diálogo no es, ni así se ha planteado, como una “camisa de fuerza” que condene a la dirigencia opositora (o al régimen) a permanecer allí sentados, pase lo que pase. Sencillamente, si cualquiera de los dialogantes se siente engañado o burlado, o percibe que las reglas de la mesa no son cumplidas, o aprecia que la negociación y la mediación no serán efectivas, podrá retirarse de la mesa, explicar sus razones, y el país juzgará los resultados y a los dialogantes.
8.          En cuanto a las PROTESTAS, nadie debe suponer (ni he oído decirlo) que las Protestas deben suspenderse mientras se dialogue. Se ha planteado un falso dilema.
9.            Es falso el dilema Protesta--Diálogo. Al contrario, un (primer) objetivo de la Protesta es, precisamente, forzar al Diálogo. Y es que…
10.      Las protestas tienen por objetivo forzar una rectificación (o al menos una negociación que facilite la rectificación). Esto es así en Venezuela y en cualquier país. Las protestas buscan siempre forzar una rectificación, una negociación o, en última instancia, la renuncia de algún funcionario.
11.     Ningún autócrata dialoga voluntariamente. Acepta dialogar sólo cuando las protestas (y las circunstancias de ingobernabilidad) los obligan. Por tanto…
12.      Que el régimen de Nicolás Maduro haya aceptado dialogar, aunque haya jurado que no lo haría, es un primero logro de las Protestas. No haga caso a los fanfarrones del régimen que gritan “dialogar no es negociar” o “no tenemos nada que pactar”. Son sólo eso, fanfarronerías para calmar a los “ideológicos” o mal llamados “radicales” del oficialismo, que todavía no entienden cómo es que el “hijo de Chávez” aceptó dialogar “fascistas”, “golpistas” y “apátridas”.
13.        Diálogo no implica cesar las protestas (pacíficas). Las protestas (pacíficas) deben seguir hasta que el Diálogo logre los objetivos de las protestas. El diálogo no implica que se hayan logrado los objetivos de las protestas, todo lo contrario…
14.      El Diálogo puede conseguir lo que las protestas (y la Resistencia) no logran por sí solas. El Congreso Nacional Africano (Mandela) y la oposición democrática española resistieron por muchos años y protestaron activamente contra los regímenes del Apartheid y de Franco, pero alcanzaron finalmente sus objetivos mediante el diálogo y la negociación.

15.    En fin, se debe dialogar como si no hubiera protestas… ¡Pero se debe protestar como si no hubiera diálogo! La MUD debe dialogar como si en las calles nadie estuviera protestando, pero los estudiantes y los ciudadanos debemos seguir protestando y resistiendo como si nadie estuviera dialogando, y así debe ser hasta que se alcancen razonablemente los objetivos de las protestas (y del diálogo): la liberación de los presos políticos, la renovación de los poderes públicos (para que sean independientes), etc. Y en general, el respeto a la separación de poderes y a los derechos fundamentales previstos en la Constitución. ¡Todos los derechos y para todos por igual!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si se exigieron unas condiciones previas para dialogar, en contraposición, o no, de limpiarle la cara al Régimen se debe requerir su cumplimiento por cuanto lesiona la credibilidad de quienes representan debilitando el liderazgo y ello es peor que NO ir al diálogo...