sábado, 7 de diciembre de 2013

El legado de Mandela

Los hombres vienen y se van.
Yo he venido y me iré cuando llegue el momento
Nelson Mandela
Desde el pasado mes de agosto venía escribiendo un resumen del libro “El legado de Mandela” (Madrid: Planeta. 2010), escrito por Richard Stengel, su principal biógrafo y hoy día su amigo personal. Stengel acompañó durante tres años continuos a Nelson Mandela, mientras colaboraba con él en la escritura de su autobiografía. Comió con él, lo vio hacer campaña, lo oyó pensar en voz alta, lo escuchó hablándole a sus amigos y familiares, lo “conoció”. Stengel llegó a conocer sus virtudes y defectos, sus fortalezas y debilidades, y recogió toda esa sabiduría (por él aprehendida y aprendida) en 15 lecciones esenciales de vida, de amor y de valor, expuestas en el mencionado libro.
La intención (original) de este resumen era compartirlo con mis hijos, con mis alumnos de la universidad, pero hoy creo que todos debemos conocer estas enseñanzas. Este breve resumen no es para ahorrarles la lectura del libro; todo lo contrario, es para motivarlos a que lo lean completo. Allí verán –como no podrán verlo acá, porque esto es sólo un resumen– las aplicaciones prácticas de cada una de las enseñanzas y cuáles acciones de Mandela originaron la respectiva enseñanza. Es un libro que, al decir de su editor, “capta el espíritu de un hombre extraordinario y nos anima a mirar en nuestro interior, a reconsiderar las cosas que damos por sentadas y a meditar sobre el legado que dejamos atrás”.
Espero que estas lecciones de Mandela sean para ustedes un ejemplo, tanto como lo han sido para mí en mi vida personal, laboral y profesional.
No me puedo imaginar mi propia vida
sin el ejemplo de Nelson Mandela
” Barack Obama. 5/12/2013
1.        Ten un principio esencial.
            Todo lo demás son estrategias.
Según Stengel, Mandela fue un hombre de principios,  y concretamente de sólo uno: Igualdad de derechos para todos. Casi todo lo demás era estrategia. Para Mandela –escribe Stengel– un líder transformador no habla de encuestas, votos o tácticas, sino de principios e ideas. Pero no todos los principios son iguales. Tienes que sopesar las ventajas relativas. Se debe ser realista, no abstracto. Examinar todos los principios a la luz de las circunstancias. Cuando las circunstancias cambian, tienes que cambiar la estrategia y la mentalidad. Eso no es indecisión, es pragmatismo.
(Eso sí), tomar decisiones difíciles no supone que violarás principios fundamentales. Debes reflejar tu meta en la forma en que la buscas. Un objetivo noble se persigue con medios prácticos, sí; pero innobles o corruptos.
2.        Siempre son ambas cosas.
Para Mandela –cuenta Stengel– la coherencia por sí misma es una falsa virtud, y la falta de coherencia no es necesariamente un defecto. Sólo los principios son innegociables. Casi todo lo demás es cuestión de matices. Los matices no son fáciles de expresar. El blanco y el negro resulta tentador porque es simple y absoluto. Pero nada es tan sencillo como «Sí» o «No». Según Mandela, la razón que se esconde tras cualquier acción raras veces es clara. Todas las explicaciones podrían ser verdad y todos los problemas tienen muchas causas, no sólo una.
Por eso –decía Mandela– es bueno siempre ver los dos lados (o todos los lados) de todo. Se trata de tener una visión no-ideológica del mundo y una comprensión de la intrincada telaraña de las motivaciones humanas. Aunque el blanco y el negro resulten tentadores, si adquieres el hábito de considerar los varios lados de una cuestión, de tener presente lo bueno y lo malo, verás soluciones que de otra manera no se te habrían ocurrido.
Claro –admitía Mandela– no siempre es posible contentar a todo el mundo. A veces se dan situaciones en que eres capaz de ver ambos lados, pero no queda más remedio que adherirse a uno de ellos.
3.        Liderar desde atrás.
«No es saludable que la gente te piense como mesías. Se decepcionarán.
Los líderes son de carne y hueso, son humanos
»
Stengel dice haber aprendido de Mandela que el líder debe creer en las virtudes del equipo. Si quieres que la gente dé lo mejor de sí misma, debes hacer que participen del éxito y hacerles ver que influyen en tus decisiones. El líder debe unirse a quienes cree más inteligentes y agudos que él. Aprender de los expertos y no dudar en pedirles que le expliquen. Delegar en ellos y convertirlos en tus aliados.
El liderazgo –según Mandela– consiste en dirigir a la gente en una determinada dirección, normalmente cambiando su manera de pensar y sus acciones. Y la forma de hacerlo no es, necesariamente, poniéndose delante y decirles “sígueme”, sino delegando en otros o empujándolos para que vayan delante de ti (así como guía el arriero a su ganado).
El líder no se coloca siempre al frente, sino que escucha y consigue el consenso. No expresa su opinión y pide que lo sigan. Escucha, recapitula y luego busca moldear la opinión y guiar a la gente hacia una acción determinada. La forma más segura de reducir la tensión de un debate es oír pacientemente los puntos de vista contrarios.
Liderar desde atrás consiste en alcanzar el resultado que quieres de una manera armoniosa. Es bueno para los demás y para ti. “Lo acertado es convencer a la gente de que haga algo, induciéndoles a creer que es idea suya”.
4.        Liderar desde el frente.
Pero los líderes no sólo deben liderar, es necesario que se les vea liderar. Y algunas veces es necesario que un líder tome decisiones de manera independiente, sin consultar, y que luego informe (como lo hizo Mandela cuando decidió negociar secretamente con el gobierno, sin saberlo los demás líderes de su partido). El líder debe tomar la decisión y enfrentar a los demás con ella, y lo único que estos deben considerar es si el líder lo hizo (o no) en interés del movimiento. Liderar significa asumir la responsabilidad. Si tomas una decisión, cargas con las consecuencias.
A veces hay que desbloquear la situación. Lo ideal es buscar el consenso, pero si no puedes conseguirlo, debes tomar la iniciativa. Ponerse al frente puede significar, incluso, admitir que estabas equivocado, aun cuando nadie te acuse de estar equivocado. Si tardas en ver la luz, no tardes en corregir el error.
5.        Renunciar (o rectificar) también es liderar.
«Elegí bien el rumbo, pero tomé mal muchas curvas del camino»
Para Mandela –escribe Stengel– no merece la pena pelearse por todos los asuntos, y a veces es mejor darlos por zanjados. Hay situaciones en las cuales lo mejor es ahorrar los recursos. Sé firme en tus decisiones, pero no testarudo. Puede ser necesario cambiar de opinión, sobretodo cuando te enfrentas al hecho de que no cambiar de opinión puede conllevar consecuencias negativas.
Es necesario cambiar de parecer cuando cambian las circunstancias, es una cuestión de sentido común. Cuando algo es inevitable, debes modificar tu punto de vista, pero no atropelladamente. Examina bien las consecuencias del cambio y después actúa. No se debe posponer lo inevitable, aunque al final la solución no sea la que querías al inicio.
Y más aún. Cuando rectifiques o des marchas atrás, pásate al otro lado y abraza tu nueva postura con el celo de un converso. Ceder puede ser una clase de victoria. Rendirse (cuando lo amerita) significa pasarse al lado ganador. Entonces tú también podrás cantar victoria.
6.       Sé prudente. La confianza es la base del liderazgo.
No pierdas la calma en situaciones tensas. Si pierdes el control, pierdes la situación. La gente espera verte calmado, sopesar los factores y una respuesta comedida. La gente quiere que se le expliquen las cosas de manera clara y racional. Fórmate una idea lo más completa posible antes de lanzarte a la acción.
7.        Es un juego largo. Aprende a posponer la compensación.
«La historia no se hace la noche a la mañana y nadie la tuerce con sus propias manos»
Ser prudente no significa que no puedas ser radical o audaz. Lo importante no es la velocidad de la decisión que tomas, sino la dirección de la misma. No es necesario ni deseable reaccionar de inmediato. Un apresurado error a corto plazo puede tener consecuencias a largo plazo.
Stengel aprendió de Mandela que la prisa conduce al error y a los juicios equivocados. No permitas que una falsa impresión de urgencia te obligue a tomar decisiones antes de lo debido. Es mejor ser lento y ponderado que ser rápido sólo para parecer decidido.
«A la larga» es la mejor forma de pensar –decía Mandela– la distancia con la que la mente trabaja mejor. Los milagros, si es que existen, son obra de los hombres. A los que dicen que todo ocurre por una razón –escribe Stengel– Mandela respondería que nosotros somos la razón y que nosotros somos los que hacemos que las cosas sucedan. No existe ningún destino que determine nuestro final; somos nosotros quienes lo determinamos. Sólo el trabajo duro y la disciplina te ayuda a encauzar las cosas en la dirección deseada. Y todas las metas, las de corto plazo y las de largo plazo, deben apuntar en la misma dirección.
Los líderes deben ser juzgados en su totalidad por el conjunto de su vida, por su vida entera y por lo que hicieron a lo largo de ella, no por cómo reaccionen en una situación determinada. Sólo al final de la vida puede saberse si un hombre ha sido feliz. Por eso debes ser prudente y cauteloso. Todo puede cambiar en el último capítulo y hay que mantener la trayectoria trazada para prevenir que ocurra alguna adversidad.
8.       Piensa bien de los demás.
Yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores.” Mt 5, 44
Para Mandela, casi todo el mundo es bueno mientras no se demuestre lo contrario. Él presumía que actuaban contigo de buena fe. Si pensamos bien de la gente, aumentan las probabilidades de que muestre lo mejor de sí misma. Si esperas lo mejor de la gente, con frecuencia aportan más. O al menos se sienten culpables si no lo hacen.
Sí, decía Mandela, puedes mirar el lado oscuro de la gente, pero no veas sólo eso. No hay nadie totalmente bueno o totalmente malo. Busca lo positivo y lo constructivo de cada cual. Elige pasar por alto lo negativo. Tal vez te pillen desprevenido, pero debes correr ese riesgo. Nadie es tan noble como las mejores cosas que haya hecho, ni tan cuestionable como las peores. Nadie es tan bueno como lo mejor que haya hecho, ni tan malo como lo peor. Lo bueno debe pesar sobre lo malo, y al final eso es lo que debe contar. Cada persona es la suma de todo lo que ha hecho.
Todos somos mejores de lo que refleja nuestro comportamiento. Nuestros motivos no son tan inhumanos como nuestros actos. Nadie nace o es intrínsecamente “malo”. La maldad es algo que las circunstancias, el entorno o la educación enseña. Lo peor que se puede decir de alguien es que actúa por su propio interés. No tiene sentido tomárselo de manera personal (sobre esto, cuenta Stengel que Mandela consideraba a sus carceleros tan víctimas del sistema como responsables del mismo. Los consideraba hombres simples, incultos, educados desde la infancia para un sistema injusto y racista. Era difícil que no lo maltrataran y actuaran de otra forma).
9.       Conoce a tu enemigo.
La lucha por la liberación no consiste tanto en liberar a los
negros de la esclavitud como en liberar a los blancos del miedo.
Cuando conoces a tu enemigo [y erez capaz de comprenderlo] le llegas al corazón. “No hay que dirigirse [sólo] al cerebro de la gente, sino al corazón”. La victoria definitiva llega sólo cuando te ganas los corazones de la gente, y no sólo sus cerebros.
Y cuando te ganes el corazón de tus enemigos, nunca te burles o muestres placer por ello. Es en el momento de tu mayor triunfo cuando más comprensión debes mostrar. No los humilles, jamás. Deja que salven la cara. Sólo entonces tu enemigo se convertirá en tu amigo.
10.     Ten cerca a tus rivales.
No sobrevalores la lealtad. Espérala, pero considera que la lealtad es sólo circunstancial. La lealtad absoluta no existe. La lealtad es una cuestión de interés propio; haz que tus rivales sean leales por interés.
No confundas deslealtad con inmadurez o impulsividad. No son lo mismo, pero se solapan, porque es probable que una persona impulsiva se vuelva desleal, que cometa un error de juicio. No hay forma de corregirlo. Sencillamente: Toma precauciones.
No hay método infalible para prevenir los ataques de los rivales. Pero si lo acoges bajo tu protección, al menos haces que se lo piense dos veces. O por lo menos lo tienes cerca para verlo venir.
11.     El coraje no es la ausencia de miedo.
            Es aprender a superarlo.
Su más famosa enseñanza. El coraje consiste en fingir que soy valiente. No dejar que el miedo te pueda. Uno tiene que dar la cara con entereza. Sólo así se descubre el coraje. Coraje es permanecer firme en circunstancias difíciles. Resistir al miedo y angustia.
12.     Meterse en el papel.
            Las apariencias constituyen la realidad.
«Las heridas que no se ven son muy dolorosas,
mucho más que las que puedan verse
»
La mejor forma de ayudar a otros a ver tu personalidad es por la apariencia. La apariencia importa y tenemos sólo una oportunidad para causar una primera impresión. Si quieres meterte en el papel, tienes que llevar el vestuario adecuado. La gente sigue el ejemplo del líder, y si el líder se muestra seguro y entero, los demás también lo serán.
Las imágenes poseen el tremendo poder de determinar cómo se nos percibe. Las imágenes perduran y su poder de ayudarte o dañarte es indeleble. Así como simular valentía puede transformarse en verdadero coraje, vestirnos como la persona que queremos ser podría ayudarnos a ser esa persona.
Mandela en su fuero interno estaba profundamente dolido con lo que padeció, pero decidió sonreír. Comprendió que al expresar su ira disminuiría su poder (de persuasión), y al ocultarla lo aumentaría. Decidió quién quería ser y creó la apariencia –y luego la realidad– de esa persona. Mandela se convirtió en quién él quería y eligió ser.
13.     Saber cuando decir «No».
El liderazgo –aprendió Stengel– a menudo significa elegir entre dos malas opciones y que los hombres buenos tienen que tomar decisiones con malas consecuencias.
No decir «No» ahora supone que luego será aún más difícil. Nuestra capacidad para influir en las cosas es limitada. Algunas veces las situaciones se resuelven solas. Algunas decisiones pueden beneficiarse con el aplazamiento; si decides que así es, no te preocupes. Pero si pospones o evitas decir «No» porque te resulta desagradable, mejor hazlo ahora y claramente. Te ahorrarás muchos problemas.
No digas «No» con lástima o con excusas falsas. Ofrecer una excusa sirve sólo para proporcionar a la otra persona un motivo de discusión, y la experiencia enseña que la gente lleva mejor un «No» firme que uno ambiguo.
No digas «No» (o no seas categórico) cuando no tengas que hacerlo. Si algo no es una pregunta directa y no es necesario que la contestes, procura no hacerlo.
14.     Busca tu propio huerto.
En un mundo donde no lo puedes controlar todo, que desafía y castiga, que es hostil a tus valores y sueños, busca “tu huerto”, un lugar de belleza, regularidad y renovación, un respiro de la confusión. No un lugar de retiro, sino un lugar de renovación. Un lugar aparte.
15.     El amor es decisivo.
Jesús enseñó a los cristianos (y esto es un comentario final mío):
Ustedes han oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo’. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores, para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tiene?” Mt 5, 43-46.
Tal vez Mandela nunca leyó esto, pero lo practicó fielmente.

Bienaventurados los de corazón limpio, porque verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios.
Bienaventurados los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos
.
Mt 5, 8-10
Los hombres justos viven para siempre, y su recompensa está junto al Señor,
cuidan de ellos en casa del Altísimo
Sab 5, 15

martes, 3 de diciembre de 2013

[Estado de disimulo] *

[*]   Término acuñado por el fallecido José Ignacio Cabrujas para referirse a lo que Venezuela llamamos “Estado de derecho”
Por ANTONIO SILVA ARANGUREN
[Abogado y buen amigo,
comentarista habitual y mordaz del “Estado de disimulo”]
Aunque desde el viernes se sabe del decreto presidencial para regular los arrendamientos comerciales, es hoy [lunes 2 de diciembre] cuando lo hemos podido leer en la [G]aceta [Oficial de la República Bolivariana de Venezuela].
Cualquiera que haya seguido las noticias o salido a la calle, además conoce bien que el Ejecutivo nacional y algunos de sus entes descentralizados se han dedicado a darnos ejemplos prácticos de vías de hecho.
En esta ocasión, lo que se nos enseña como ejemplo es que así como el Ejecutivo no necesita procedimientos para actuar, tampoco requiere la tan mentada ley habilitante para dictar normas con una pretendida “fuerza de ley”.
El decreto lo deja claro: es un régimen transitorio mientras se dicta el decreto-ley [o sea, el decreto con rango y fuerza de ley, autorizado por la reciente ley habilitante], pero esa transitoriedad no le impide hacer [de una vez y antes de expedir el decreto-ley] todo aquello para lo cual precisamente uno podría entender que sería imprescindible la ley: fija cánones máximos, deja sin efecto cláusulas contractuales (pese al principio de que los contratos son ley entre las partes); y también prohíbe [el] arbitraje [privado como medio de resolución de conflictos, en contra de lo que promueve la Constitución], [prohíbe a los jueces expedir] medidas cautelares y [la] actuación de empresas extranjeras. Es que esto último debería quedar fuera del alcance incluso del legislador.
Al presidente de la República no sólo le parece todo compatible con la Constitución, sino que [él] entiende que es parte de sus competencias propias. Basta pasearse por su “fundamento” y por sus considerandos [los del decreto]: la invocación genérica de normas de la Constitución y de la Ley Orgánica de la Administración Pública (que tan sólo nos dicen que el presidente es el Jefe del Gobierno y que puede dictar decretos) y una mención a que al Ejecutivo le corresponde la “función administrativa inquilinaria” [de lo cual Nicolás Maduro parece inferir que sólo por su proclamada condición de jefe de gobierno puede decretar cualquier tipo de cosa en cuanto a la función administrativa inquilinaria].
Es decir, para el Ejecutivo Nacional todo está dentro de sus poderes, lo que me hace pensar que en realidad los únicos que querían la ley habilitante son los diputados oficialistas, para deshacerse de la sensación de tener unos trabajos legislativos que cumplir y poder dedicar su tiempo [por ejemplo] a citar a Guillermo Dávila o [a] cosas similares.
[Disimulo de otro costal]
Leo que la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia está satisfecha porque ese tribunal y el “Poder Judicial en general han cumplido con el país, pues hemos visto como se han incrementado y mejorado la cantidad y la calidad de las respuestas que damos al público que servimos”. http://www.tsj.gov.ve/informacion/notasdeprensa/notasdeprensa.asp?codigo=11616
Por si acaso alguien tiene dudas, [y alguien pudiera confundirse con eso de “calidad de las respuestas”, ella misma] aclara: “Cuando me refiero a la calidad estoy hablando de la visión social”. [Esta aclaratoria era necesaria].

Nota: Los [entrecorchetes] son comentarios añadidos por el editor.