lunes, 24 de septiembre de 2012

El discurso electoral y la Convivencia (2)



Si uno dice que tiene fe, pero no viene con obras, ¿de qué le sirve?…
Así ocurre con la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma
Santiago, 2: 14-17

Dándole continuidad a mis dos anteriores Puntos de Vista (1 y 2), quiero revisar hoy la sinceridad del compromiso con la reconciliación propuesto por Capriles, en relación con su discurso electoral y previa consulta con tres simpatizantes del Presidente Chávez, cuyo criterio valoro y quienes tuvieron la cortesía de opinar sobre este asunto.
Para el primero de los consultados (llamémoslo Oscar), “Capriles ha sido irrespetuoso no sólo de la actual gestión de gobierno sino del buen juicio de sus propios seguidores, al denigrar de los evidentes logros alcanzados a partir de 1999”.
“Capriles ha faltado el respeto más a sus seguidores que a los del Presidente Chávez al menoscabar su capacidad de analizar con juicio propio su realidad… Ha irrespetado al Presidente en cuanto éste encarna a sus políticas y buena parte de estas políticas han sido en ocasiones ignoradas, en otras tergiversadas; en todas tendenciosamente manipuladas. Ejemplos sobran:… magnificando en muchas ocasiones aspectos que seguramente serían propensos de mejoría y pasando por alto aquello los logros alcanzados, en vulneración flagrante no sólo del gobierno al que se pretende menoscabar sino de quienes han sido beneficiarios de los planes que él sostiene no funcionan… [L]os actos irrespetuosos de Capriles no pueden identificarse como procaces o vulgares.” [Subrayado añadido]
Para otro de los consultados (Wilson), “Capriles, en lo esencial, tiene una constitución ideológica fascistoide. Pero hablamos de campaña, y en campaña sus asesores pensaron que lo correcto era jugar el papel del cordero, y  así lo ha hecho.”
[E]l diseño de la campaña de Capriles establecía desde el principio la necesidad de ser "respetuoso" con su adversario… Así que pienso que fue un diseño y el ha actuado bajo ese "frame"… [No obstante] Ha insinuado cosas más como de burlas o de sarcasmo… la edad (el joven vs el viejo) el peso (flaquito versus gordito), la honestidad versus la corrupción, etc… En general, lo que ha dicho Capriles, salvo el caso de la insinuación de jalabolas a los trabajadores que apoyan a Chávez, ha estado dentro de los límites "normales" de una campaña. En lo personal creo que, si bien ha sido una estrategia correcta de acuerdo a los manuales de marketing, ha sido poco convincente…
La opinión del último de los consultados (Gaspar) se parece bastante a la de Wilson:
La campaña de Capriles ha pasado por varias etapas. La primera, que yo llamaré la "Básica", donde llegó incluso a decir en varias oportunidades que él ni siquiera iba a referirse a su "contendor",… La segunda etapa yo la llamo "el destape"… empezó a confrontar mucho mas con Chávez,… Ahora usa un lenguaje mucho más ofensivo y cae en el terreno de los insultos, por ej.: “yo no quiero empleados públicos jalabolas…” O más recientemente “el otro candidato sigue hablando del paquetazo, el paquetazo real es este que esta aquí…” (Señalando sus partes íntimas, durante el acto denominado "el pantaletazo" de Monagas) [No conseguí referencia de esta afirmación que Gaspar le atribuye a Capriles. La única referencia parecida es un acto en el estado Nueva Esparta, donde lo afirmado por Capriles fue esto: “Andan diciendo que yo tengo un paquetazo, pero no les voy a responder nada de eso. Aquí las mujeres saben cual es ‘el paquetazo”]
En cuanto al tono del candidato Capriles, Gaspar señala:
Sin duda [ha sido irrespetuoso]. No solo a Chávez sino incluso a varios ministros. Por ej[emplo], los acusa de forma muy sutil –y sin pruebas– de ladrones, lo hace cuando dice que si "Chávez se desmarcara de los corruptos quedaría sin ministros". Lo hizo cuando se burló de las lágrimas del Pdte en Apure. Lo que ocurre es que es un irrespeto "soterrado y sutil". Pero sin duda es una forma ¿"inteligente"? de insultar y ofender porque pareciera que realmente no lo hace.
Gaspar concluye que los adjetivos usados por Capriles son razonablemente normales en el calor de una campaña electoral, pero “otros han sido claramente insultantes”, no obstante, reconoce que “para lo fuerte que ha sido esta campaña, pensé que Capriles estaría más agresivo”.
De lo expuesto, parece que la percepción común entre los tres simpatizantes de Chávez es que: 1) Capriles ha respetado a su adversario y a sus seguidores, pero por razones de estrategia electoral y no porque crea realmente en respetarlos; 2) Insultos han sido a su gestión, y en lo personal han sido sarcásticos y soterrados [poco visibles]: viejo, gordo, corrupto, etc.; y, 3) Los adjetivos han sido lo normal de una campaña electoral, sin ser directos ni vulgares. Surge entonces la pregunta: Si Henrique Capriles gana las elecciones, ¿tendrá credibilidad para impulsar la reconciliación? ¿Podrá dialogar razonablemente con Hugo Chávez o con cualquier otro líder que emerja en representación de los sectores que legítimamente lo adversan?
En mi opinión, cuestionar una gestión de gobierno (con o sin razón) no configura un irrespeto al adversario ni a sus seguidores. La crítica de la gestión pública (la de cualquiera) es parte esencial de la crítica política, incluso fuera de una campaña electoral. Para Capriles es tan necesario cuestionar la gestión de Chávez al frente del gobierno nacional, como para Chávez lo es cuestionar la gestión de Capriles en la Gobernación del estado Miranda, y no creo que (sólo) por ello alguno de los dos ofenda al otro o a sus partidarios, ni siquiera cuando agrandan las fallas o achican los logros de la gestión del contrincante.
Claro está, le corresponde a cada candidato evaluar cuán razonable es cuestionar uno u otro aspecto de la gestión de su adversario (porque probablemente no todos son cuestionables), es parte de su estrategia; y en última instancia le corresponde a los electores determinar la razonabilidad de cada crítica, porque en función de ello escogerán su opción electoral. Si –como lo piensa Oscar– Capriles ignora, tergiversa o manipula los logros del Gobierno de Chávez, el elector le negará su voto (como presumo lo hará Oscar); pero si –al contrario de lo que piensa Oscar– el elector comparte las críticas de Capriles, probablemente le dará su voto. El quid del asunto es si los electores creen razonables o no, las críticas de Capriles y Chávez a la gestión gubernamental de su contendiente.
Por otra parte, aludir a la edad o al estado físico del Presidente (y candidato presidencial por cuarta vez), no necesariamente es irrespetuoso; puede ser un elemento normal de la campaña si se hace con razonable compostura. Es un contraste que habitualmente se hace cuando hay una diferencia de edad o de salud entre los candidatos en pugna (así ocurrió con Carlos Andrés Pérez en 1988  y con Rafael Caldera en 1993), con la deliberada intención de poner en duda la “capacidad” del candidato “viejo” para dirigir el próximo gobierno. La supuesta vejez o mal estado físico de un candidato suele ser evocada por su adversario para rechazar el continuismo y pedir renovación; frente a lo cual el candidato “viejo” suele replicar con los argumentos de la experiencia y del miedo a lo desconocido.
En cuanto a las acusaciones genéricas de corrupción que Gaspar le atribuye a Capriles, es un recurso aún más utilizado en campañas electorales. De hecho fue utilizado en 1998 por el entonces candidato opositor Hugo Chávez, cuando denunció –sin pruebas– que las campañas electorales de algunos partidos políticos se financiaban con la corrupción y el narcotráfico; o cuando acusó de corruptos a todos sus oponentes en aquellas elecciones: “todos los corruptos están reunidos en una sola bola, y así los vamos a barrer a todos juntos…”. Creerlas o no, es una decisión de los electores. El límite de este recurso es no incurrir en acusaciones precisas y específicas, que requieran de pruebas para no incurrir en difamación o calumnia.
El candidato Capriles ha proclamado que respeta a los que piensan distinto a él, pues “con insultos y groserías no se construye nada”. Empero, ha usado durante su campaña algunas expresiones que –para mi gusto, no necesariamente el de otros– son toscas, y han podido omitirse o usarse sinónimos menos coloquiales pero más cívicos. Aún así, el uso de ese tipo de expresiones ha sido infrecuente; y, al menos en mi opinión, no han sido usadas con la intención exponer a su adversario o a sus seguidores al desprecio, y son parte de la “incorrección” razonable que aflora en el calor de una campaña electoral. Por tradición cultural –escribe el citado Wilson– “una campaña electoral en Venezuela requiere de cierto ritual de cuerpo a cuerpo, de un cierto ambiente de pelea callejera. Y allí Capriles se quedó cortísimo…”.
En mi opinión, el balance general del discurso electoral de Capriles es favorable a la promoción de la convivencia democrática. A pesar de algunos muy pocos lunares, su discurso de campaña no compromete la credibilidad de su compromiso con la reconciliación, ni le impedirá dialogar razonablemente con Hugo Chávez o con los líderes que emerjan de los sectores “chavistas”. Si ese discurso ha sido sincero y auténtico, o si es sólo una estrategia electoral, es algo que le corresponderá valorar a los ciudadanos el día de las elecciones.
Yo personalmente creo que Capriles está comprometido con la unidad del País, en la pluralidad. Si es que tuvo en el pasado alguna conducta sectaria grave, como lo cree Wilson (yo no), le doy el beneficio de la duda, con la convicción de que los políticos tienen el derecho (y el deber) de rectificar aquello que hicieron mal. Desde luego, si Capriles no cumpliere con su compromiso, tocará reclamárselo con la misma energía con la que hemos reclamado al Presidente Chávez su intento de dividir a los venezolanos.
Próximo artículo: Los programas de gobierno y la Convivencia

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelentes artículos Antela, felicitaciones Brau. Aprovecho para invitarte a mi página. www.sistemademantenimiento.com-
Que estés bien
Brau