miércoles, 19 de septiembre de 2012

El discurso electoral y la convivencia (1)


Si uno dice que tiene fe, pero no viene con obras, ¿de qué le sirve?…
Así ocurre con la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma
Santiago, 2: 14-17

Mi anterior Punto de Vista destacó que Henrique Capriles, candidato presidencial de la Alternativa Democrática y con la mayor opción para vencer al candidato del gobierno, ha ratificado su deseo de promover la reconciliación entre los venezolanos. Y que también Hugo Chávez, Presidente y candidato del gobierno a la reelección, emitió unas declaraciones en las cuales convocó a un “esfuerzo de convivencia entre [venezolanos] opuestos”. “Ojos vemos, corazones no sabemos”, reza la sabiduría popular en Venezuela. Quiero revisar con ustedes si estos deseos de convivencia lucen sinceros o no.
Para ello, he optado por no juzgar las conductas antiguas de ambos candidatos, donde seguramente los simpatizantes de cada cual usarán razones para acusar de fascista al adversario y cuestionar su sinceridad. Prefiero juzgar el comportamiento de cada cual durante la campaña electoral y la oferta que cada uno hace en su programa de gobierno, lo que dará origen a cuatro artículos: dos sobre el discurso de convivencia de cada candidato; y dos sobre las ofertas de convivencia de cada uno. Empecemos por el discurso de Hugo Chávez.
Apenas pocos días después de haberse realizado las elecciones primarias (abiertas a la participación de todos los venezolanos) donde Henrique Capriles fue escogido como candidato de la Alternativa Democrática  en febrero de 2012, el Presidente Chávez aprovechó un acto oficial transmitido en cadena de radio y televisión para marcar el estilo de lo que sería su campaña:
“Ya eligieron su candidato, ya tenemos majunche, bienvenido majunche, te vamos a pulverizar el 7 de octubre en las elecciones presidenciales… Tienes rabo de cochino, orejas de cochino, roncas como un cochino, eres cochino majunche, eres un cochino,… Usted irá a gobernar el territorio de Tarzán y la mona Chita, porque aquí no… El majunche tiene unos asesores que le han dicho que no confronte conmigo, pero es conmigo la cosa, vas a tener que confrontar o salir corriendo,…”.
Desde entonces, el candidato del gobierno ha calificado reiteradamente a su adversario con diversos adjetivos del coloquio venezolano: “majunche” [de mala calidad]; “jalabola del imperio” [persona que adula –al Imperio– de manera persistente para obtener sus fines]; y “cobero” [mentiroso] (Véase Diccionario del habla actual de Venezuela. 2005. Núñez y Pérez. Caracas: UCAB).
A tono con su anuncio de febrero y con estos epítetos, el candidato Chávez ha gritado en diversos mítines:
Discurso en Guárico: “Le vamos a dar una paliza a la candidatura burguesa y majunche… Ese es el candidato de los grandes ricachones, de los mercenarios, banqueros prófugos, y además el candidato del imperio yanqui…” [Julio 2012]
Discurso en San Félix: “Lo vamos a aplastar, va a quedar aplastado, el candidato burgués y todo lo que representa” [Agosto 2012]
Discurso en el Estado Vargas: “Te lo vuelvo a repetir, burguesía apátrida, al candidato majunche, hagan lo que hagan, digan lo que digan,… nadie los salvará del nocaut el 7 de octubre… jalabolas eres tú majunche del imperialismo, de la burguesía, de los vendepatria…” [Agosto 2012]
Discurso en Charallave: “No solo es majunche es un cobero. Desde hoy lo vamos a llamar el cobero… En su propia retaguardia los vamos a demoler el 7-O…” [Septiembre 2012]
Otro elemento característico de su campaña ha consistido en advertir que si gana las elecciones Henrique Capriles, sobrevendría en Venezuela la desestabilización o hasta una guerra civil.
"Por eso tenemos que ganar las elecciones… Sería una verdadera desgracia que estos premajunches llegaran a gobernar. Entraríamos en un caos, se volvería este país ingobernable" Acto de gobierno en noviembre de 2011, transmitido por la televisión pública.
“Esta oposición,… ¡Lo que tiene es odio y una ambición de poder! Ellos (la oposición) son la garantía del caos…”, Consejo de Ministros también transmitido por la televisión pública.
En síntesis, según el candidato-Presidente, su adversario es un cochino mediocre y mentiroso, apátrida y servil del Imperio yanqui, al que hay que pulverizar, aplastar y demoler (y junto a él, todo lo que representa), porque de llegar a vencer, traerá el caos y la guerra civil a Venezuela. Surge entonces la pregunta: Si Hugo Chávez fuera reelecto, ¿tendrá credibilidad para impulsar el esfuerzo de convivencia que ha prometido con los sectores que le adversan? ¿Podrá dialogar razonablemente con el líder democráticamente elegido por esos sectores, al que previamente ha ofendido del modo antes referido?
Un simpatizante del Presidente que tuvo la cortesía de opinarme sobre este asunto, afirma que “hablar de respeto en medio del calor de una campaña electoral es complicado”. Otro, con igual cortesía, justifica este verbo encendido de su candidato con el argumento de que “una campaña electoral en Venezuela requiere, por tradición cultural, de cierto ritual de cuerpo a cuerpo, de un cierto ambiente de pelea callejera”. Y en efecto, la crispación ha sido históricamente la estrategia empleada por Chávez, y exitosa en la mayoría de los casos, para mantener el apoyo de sus simpatizantes y ganar elecciones. Pero también es cierto que “la atmósfera altamente cargada de una campaña electoral puede ser precisamente el momento cuando es probable que las declaraciones exaltadas tengan el efecto de incitar a la gente a la violencia…” (Miguel Ángel Lezcano. El discurso del odio. 2009).
Siempre he creído que el lenguaje político agresivo –y me parece que el del candidato Chávez lo es– resulta contraproducente para la política, muy negativo para el ejercicio democrático y peligroso para la convivencia. En una sociedad tan polarizada como la venezolana, ese tipo de lenguaje incita al odio y a la violencia, aún sin que esa haya sido la intención de su autor.
Seguramente alguien dirá que el de Chávez, es una cuestión de estilo y un lenguaje típico de una campaña electoral. Yo (de buena fe) creo que no lo es. Creo honestamente que el lenguaje del candidato-Presidente es parcialmente responsable de la violencia política, y no solamente de algunos de sus seguidores, sino también de algunos de sus adversarios, quienes (equivocadamente) asumen la violencia como una forma de defenderse. El candidato Chávez ejerce la jefatura del Estado y por tanto simboliza (o debe simbolizar) la unidad de un País, y por ello, la proyección de su lenguaje será siempre superior a la de cualquier otro venezolano.
Es muy difícil recoger los vidrios rotos, más aún la sangre derramada. Así lo enseña la experiencia histórica de Venezuela entre 2002 y 2005. Yo creo francamente que si los deseos de convivencia expresados por el Presidente Chávez son (o fueren) sinceros –y cada vez que pueda le daré el beneficio de la duda– debe rectificar y moderar su discurso, porque “no basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella y trabajar para conseguirla” [Eleanor Roosevelt].

Próximo artículo: El discurso electoral y la Convivencia (2)
El discurso de Henrique Capriles

No hay comentarios: