viernes, 7 de septiembre de 2012

Deseos de convivencia


No hay camino para la paz, la paz es el camino
Mahatma Gandhi

Hace poco más de un mes, Henrique Capriles, candidato presidencial de la Alternativa Democrática y con la mayor opción para vencer al candidato del gobierno, ratificó su deseo de promover la reconciliación entre los venezolanos:
Siempre he manifestado mi objetivo de unir a los venezolanos sin importar su ideología política o su creencia religiosa, por eso hoy vengo a garantizarles que durante el Gobierno del Progreso,  trabajaremos también de la mano con ustedes y juntos lograremos la reconciliación y el encuentro del pueblo venezolano.
Lo volvió a confirmar hoy al decir: "No voy a descansar hasta ver a los venezolanos unidos. No habrá más nunca división ni confrontación". Y hace sólo dos días, el Presidente Chávez y candidato a la reelección, emitió unas declaraciones en las cuales convocó a un “esfuerzo de convivencia entre [venezolanos] opuestos”:
La relación política, humana, que hemos forjado el Presidente Santos y mi persona, yo creo que pudiera servir de ejemplo… Llegamos a algunos puntos de acuerdo, de recuperar el respeto en la relación. ¡Respeto! Respeto a las diferencias, etcétera… Es un buen ejemplo que deberíamos tomar aquí en Venezuela. ¿Somos opuestos la derecha venezolana y la izquierda venezolana? Bueno, siempre. Pero eso no significa que no podamos llegar a acuerdos de convivencia, de respeto… Después del triunfo del 7 de octubre… Debe ser un esfuerzo al que debemos dedicarle nosotros mayor atención, mayor empeño, un esfuerzo de convivencia entre opuestos…
Ninguna persona de buena voluntad que viva en Venezuela podría manifestarse en contra de este deseo de “reconciliación” o “esfuerzo de convivencia” que proclaman ambos candidatos presidenciales. El Pacto Social que nos dimos los venezolanos en 1999 impone precisamente eso: la construcción de una sociedad que consolide valores como la libertad, la paz, la solidaridad, el bien común, la convivencia y el imperio de la ley (Preámbulo de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela).
La convivencia (en todos los ámbitos y escalas: en el matrimonio, la familia, el condominio, la comunidad, el club, la empresa, la sociedad, etc.) es un factor trascendental para promover la prosperidad y el bienestar individual, y por vía de consecuencia para promover la felicidad social. Los seres humanos somos fundamentalmente animales gregarios, con tendencia natural a reunirnos en manadas (como los perros), en colonias (como las abejas) o en grupos sociales (como las personas), cuyo bienestar es mayor cuando nos sentimos parte armónica de una “manada” (de una comunidad). Esta interdependencia social es una necesidad humana fundamental. De nada le sirve a una persona el ejercicio de su libertad, su desarrollo laboral o profesional, o su bienestar material, si no convive en razonable armonía con su entorno familiar, comunitario o social, sin que ello suponga someterse a la voluntad o pensamiento de los otros.
Según parece, ambos candidatos reconocen de manera explícita y pública lo que algunos percibimos: que la convivencia social en Venezuela está rota, lo que a juicio del Padre José Virtuoso, rector de la Universidad Católica Andrés Bello, es tal vez la razón principal de la violencia en el país. No obstante, un reciente estudio Ómnibus de Datanálisis indicó que una amplia mayoría de 82,6% repudia la división entre los venezolanos, y que para la mayoría de los venezolanos (47,4%) la forma predominante de polarización ocurre entre chavistas y no chavistas, y no entre ricos y pobres (12,4%).
Estos números indican, según la psicóloga social María Teresa Urreiztieta, que los valores de la convivencia plural se imponen sobre los valores que promueven el sectarismo, y que la inmensa mayoría de país (chavistas y no-chavistas) está reclamando un camino de construcción en la diversidad, y una salida a la confrontación política que por 14 años ha caracterizado al país.
Por eso no creo que debamos despreciar a priori los deseos y compromisos manifestados por ambos candidatos presidenciales. Por el contrario, esa inmensa mayoría de venezolanos debe reclamarles, al que gane y al que no, que cumplan con su compromiso y sean los principales promotores de la reconciliación. Son ellos, junto al resto de los dirigentes que han acompañado sus candidaturas, los principales responsables de aislar a la minoría extremista que persiste en ambos sectores, y convocar a los venezolanos de buena voluntad, entre los cuales hay diferencias políticas, pero también criterios de encuentro para avanzar en la construcción de una sociedad justa y libre.
Me quedan al menos dos aspectos por analizar:
1.     Si los deseos expresados por los candidatos lucen sinceros o no; y,
2.    Cuáles deberían ser las bases para promover la reconciliación nacional, sin que ello suponga la eliminación de la diversidad, ni la sumisión de un sector a otro.
A cada uno de estos aspectos me referiré en los siguientes artículos.

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