jueves, 21 de junio de 2012

La muerte del espíritu crítico


Autor: VICENTE DIAZ
Lo que una sociedad libre ofrece al individuo es mucho
más de lo que él podría hacer si sólo él fuera libre
Friedrich Hayek

El paradigma del socialismo marxista es el Estado interviniendo en la economía, planificando y controlando todo a fin de subordinar el interés individual a los intereses colectivos. La libertad individual existe sólo en la medida que convenga al Estado. El Estado decide lo que hay que comer: el exceso de opciones es sólo consumismo promovido por el lucro. Lo que hay que leer: los trabajadores no han desarrollado conciencia de clase por el embrutecimiento sistemático propiciado por la burguesía para impedir que se rebelen. En lo que hay que creer: la religión es el opio del pueblo. Lo que hay que estudiar: no se puede permitir que la sociedad financie estudios en disciplinas que no se necesitan dentro del Plan Nacional de Desarrollo. Donde vivir: hay zonas que ya no aguantan más gente y otras despobladas. Y así hasta el infinito.
El [paradigma] del capitalismo neoliberal es un mercado sin trabas donde cada quien trata de sacar el mayor provecho posible, donde sólo las empresas más hábiles sobreviven, absorbiendo al resto en un creciente ciclo de concentración del capital que conduce a grandes corporaciones que terminan controlando áreas enteras de la actividad humana. El individuo, al final del día, es reducido a consumidor de bienes y servicios. Habilidoso mercadeo mediante, adopta los gustos, hábitos y valores convenientes a una cultura de consumo que posibilite el ciclo incesante del capital.
Los dos son lo mismo. Ambos extremos términan conculcando los espacios de libertad de los humanos. Estado Marxista y Corporaciones se atacan mutuamente por hacer lo mismo: tratar de minimizar el libre albedrío produciendo sujetos adaptados al modo de vida que más les convenga a sus objetivos.
Las grandes corporaciones no quieren que el Estado controle a los individuos, prefiren controlarlo ellas. Facebook y Google defienden el derecho de los individuos a opinar en libertad y a relacionarse con quien quieran mientras acumulan la información más privada e íntima de, muy pronto, cada habitante de este planeta. Nestlé aborrece la aborrecible tarjeta de racionamiento cubana mientras lucha sin cuartel por lograr que sólo sus productos se consuman en el mundo.
Y el Estado izquierdoso, en su afan de defender a la gente de los monopolios empresariales, expropia y acumula creando un gran monopolio estatal no sólo de bienes y servicios sino, lo peor, de ideas y valores, excluyendo lo diferente porque lo diferente no se corresponde con el supremo interés de la clase elegida.
En esa lucha a muerte entre el Gran Capital y el Socialismo Marxista siempre ha perdido el individuo. Usted y Yo. Yo no quiero que CocaCola se trague al papelón con limón, pero tampoco quiero que ningún gobierno acabe con CocaCola para que sólo pueda comer lo que produce el Estado. Quiero que con el cuento del interés colectivo no se acabe con el individuo.
A los radicales de ambos lados les interesa y conviene lo mismo: que dejemos de ser individuos conscientes y libres y nos convirtamos en masas heterónomas que vocean robotizadas consignas políticas o estribillos comerciales. Ambos les interesa promover el atávico espíritu de tribu, fomentando el sentido de identificación y pertenencia a lo que les conviene, uniformándonos de Adidas o de franelas y boinas del partido. La moda y y la lealtad partidista son la manifestación más cercana de la misma perversión: la muerte del espíritu crítico.
Publicado en: El Nacional. Página 9 Opinión. 21 de junio de 2012
Subrayado y negrilla añadidos

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