jueves, 15 de septiembre de 2011

El valor de la educación


La educación es un privilegio que no puede
dejarse en manos de los burócratas…”,
Julián  Casanovas
Cada vez está más claro que nuestra riqueza nacional… no fue a parar a la educación. La educación, como podemos comprobar un día sí y otro también, no es una de nuestras glorias nacionales,… Y aunque los políticos suelen hablar de la educación, la mayoría de ellos no sienten ninguna devoción hacia ella y prefieren, por el contrario, estimular la ignorancia, la burricie y la estupidez.
… En términos generales, nuestros políticos sienten atracción por el poder, la comunicación, es decir, salir mucho en los medios, y por sus votantes, aunque solo por los más fieles. Como para lograr todo eso no necesitan estudiar, sentir el amor por el conocimiento, la educación les trae sin cuidado. Hablan, eso sí, de formación, pero, en realidad, quieren decir preparación, adquirir crédito profesional a través de un título, ganar dinero fácil y con rapidez. La formación es otra cosa.
Como ocurre con casi todo en la vida, no hay una única y simple verdad sobre la educación, pero hay un acuerdo bastante básico entre los especialistas en señalar que la educación significa el desarrollo integral de los individuos más allá de la preparación profesional, algo que incluye necesariamente comprender la naturaleza de las cosas y el mundo que nos rodea. La educación es una guía imprescindible para captar los entresijos de la sociedad tan compleja que hemos creado. Conocimiento, respeto por las personas y ambición por ampliar los estrechos horizontes de la pequeña comunidad de vecinos, familia y amigos en la que cada uno habitamos. Esas son tres cualidades básicas de la educación…
Una persona educada debe ser capaz de pensar y escribir con claridad, comunicar con precisión y pensar críticamente, algo que debería ser un requisito imprescindible para los estudiantes universitarios…
Una buena educación, además, debe proporcionar una apreciación crítica de las formas en que obtenemos el conocimiento y la comprensión de la sociedad, conocimientos básicos de los métodos experimentales de las ciencias, de los logros sociales, artísticos y literarios del pasado, de las principales concepciones religiosas y filosóficas que han guiado la evolución de la humanidad. No se puede ser provinciano, solo del pueblo o ciudad donde uno ha nacido, sin aspirar a aprender de verdad otros idiomas, ignorando a las otras culturas o los hechos históricos que han contribuido a configurar el presente. La educación debería servir también, por supuesto, para adquirir especialización o formación profesional en algún campo de conocimiento. De una persona educada, en fin, se espera que tenga algún conocimiento sobre los problemas éticos y morales, en constante cambio, que pueda ayudarle a formarse un juicio sólido y elegir entre las diferentes opciones.
El salto de la mera preparación, de un conocimiento informado, a una apreciación crítica de las cosas, a la formación profunda, puede resultar una ambición inalcanzable, pero hay que perseguirla con ahínco a través del estudio continuo, del estímulo del hábito de la atención, del arte de la expresión y del pensamiento crítico. Desarrollar los poderes del razonamiento y del análisis no es algo que se estimule mucho entre nosotros,…
La educación es un privilegio que no puede dejarse en manos de los burócratas, de los amantes de las estadísticas y del currículo, de quienes desprecian a los profesores y limitan su autoridad ante los alumnos, los padres y la sociedad en general. En los tiempos en que vivimos, rodeados de ordenadores y tecnología moderna, la información puede adquirirse sin demasiada dificultad. La educación necesita mucho más, aunque en España todavía no nos hayamos enterado.
Seguramente el lector creyó, a lo largo de esta lectura, que tan larga cita y juicio sobre el valor de la educación estaba referido a Venezuela, pero no, en realidad apareció publicado hoy en El País de España y su autor es Julián Casanovas, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, quien cuestiona la calidad de la educación en ese país. La realidad de la educación en Venezuela no dista mucho de lo que escribe el profesor Casanova sobre la realidad en España, y tal vez hasta sea peor, de modo que no está demás reivindicar sus reflexiones y proponer que la educación en Venezuela no sea solamente un medio de preparación profesional para adquirir especialización o formación en algún campo de la ciencia, sino también un salto al conocimiento informado, a la apreciación crítica de las cosas y a la formación profunda. Y para ello:
·         La educación, en todos sus niveles, debe fundamentarse en el conocimiento, el respeto por las personas y la ambición por ampliar los horizontes de la comunidad en la que cada uno habitamos;
·         La educación, y sobretodo en los primeros niveles, debe enseñar a pensar y escribir con claridad, a comunicar con precisión y a pensar críticamente;
·         La educación debe proporcionar una apreciación crítica de las formas en que obtenemos el conocimiento y la comprensión de la sociedad, así como conocimientos básicos de los métodos experimentales de las ciencias; de los logros sociales, artísticos y literarios del pasado; de las principales concepciones religiosas y filosóficas que han guiado la evolución de la humanidad; y de otros idiomas, culturas y hechos históricos que han contribuido a configurar el presente de la humanidad;
·         En fin, de la educación se espera que ofrezca a todos los venezolanos, sin discriminación, no solo formación o especialización en algún área de la ciencia, sino también conocimiento sobre los problemas éticos y morales de la humanidad, para que estén en capacidad de formarse juicios consistentes y elegir libremente la mejor opción entre las diferentes disponibles.
Y desde luego, la educación no puede dejarse en manos de los políticos ni de los burócratas, es una responsabilidad principalmente de los padres y de las familias, y en general de toda la sociedad.

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