martes, 11 de enero de 2011

Hegemonía y Democracia en Gramsci

Por: MANUEL ROJAS PÉREZ
Profesor universitario de
Derecho Administrativo
La primera semana de enero trajo el retorno de la oposición democrática al Poder Legislativo Nacional. A pesar de todos los intentos del chavismo por violentar la voluntad popular de los venezolanos, los diputados opositores volvieron a la Asamblea Nacional.
Entre los discursos de instalación, el diputado al Parlamento Latinoamericano Henry Ramos Allup llamó la atención sobre la relación entre hegemonía y democracia dentro de la teoría del filósofo marxista italiano Antonio Gramsci. Y viendo los momentos actuales, donde se confunde al Estado con una persona, considero importante retomar este debate al que llamó Ramos Allup.
Para Gramsci, la hegemonía cristaliza en la intervención del poder en cualquiera de sus formas sobre la vida cotidiana de los sujetos y en la colonización de todas y cada una de sus esferas, que ahora son relaciones de dominación.
Así, el poder de las clases dominantes sobre las clases sometidas en el modo de producción capitalista (proletariado), está dado por la hegemonía a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación.
A través de estos medios, las clases dominantes “educan” a los dominados para que éstos vivan su sometimiento como algo natural y conveniente, inhibiendo así su potencialidad revolucionaria. Es decir, para que el pueblo se acostumbre a que cierto grupo siempre permanezca en el poder y no se revele contra ello.
Luego, la clase dirigente refuerza su poder con formas muy diversas de dominación cultural e institucional, mucho más efectivas que la coerción, en la tarea de definir y programar el cambio social exigido por los grupos sociales hegemónicos.
Así, la hegemonía va más allá de la simple dominación o sustitución de unos dirigentes burgueses por otros socialistas. Para Gramsci, el éxito revolucionario no se da con la toma del poder, sino cuando transforman las formas de vida de los ciudadanos, por lo que controlar el gobierno viene a ser apenas un primer paso de la revolución socialista.
El verdadero triunfo viene cuando se genera la alienación, el cambio en el modo de pensar y actuar de los ciudadanos. La hegemonía postmarxista de Gramsci, como la llama Sartori, viene a configurarse entonces bajo una visión totalitaria.
Trayendo a Gramsci a Venezuela, nos encontramos con un intento manifiesto de hegemonía. Desde el gobierno se busca emplear un modelo que va más allá de la democracia. Incluso más allá de la dictadura. Lo que quiere el gobierno chavista es ingresar de manera directa y definitiva en la vida de cada uno de los venezolanos para controlarla a su antojo a los fines de sus intereses personales.
Lo hace a través de leyes arbitrarias, a través del control casi absoluto de los medios de comunicación. Los medios de producción también forman parte del plan hegemónico, ya que a través de las expropiaciones y los controles tipo “lista Tascón” en la administración pública, se intenta controlar el quehacer del trabajador y del empresario.
En definitiva, con este análisis se quiere demostrar que la hegemonía que es aplicada por la burguesía, según la denuncia de Gramsci, es justamente el procedimiento que utilizan los supuestos socialistas venezolanos. Cuando el diputado Ramos Allup en el discurso en la Asamblea Nacional hablaba de la hegemonía según Gramsci, dejó ver que el gobierno chavista utiliza medios burgueses para controlar totalitariamente a los ciudadanos, de manera antidemocrática.
Ahora, es importante destacar que para que la hegemonía cumpla con sus fines, debe haber equilibrio perfecto entre quien la aplica y el colectivo a quien va dirigida, por lo que cuando la clase que controla el poder no cuenta con el respaldo social, éste pasa a ser simplemente dominante por la fuerza (parafraseando a Ludovico Silva). Así, lejos de cohesionar el bloque histórico se distancia de los ciudadanos, incapaz por más tiempo de integrar a la sociedad.
Fuente: El Correo del Caroní. 10/01/2011.