sábado, 28 de agosto de 2010

A propósito de "la letra chiquita"

Escribe Fausto Masó, buen opinador, en El Nacional de hoy 28 de agosto que “A Chávez lo amenaza la deslegitimación". Es posible, según su crónica, que la oposición con 50% de los votos obtenga (solamente) 69 diputados frente a los 96 del chavismo, y que si bajaran sus votos a 47% la disparidad empeoraría: habría 116 diputados del chavismo. "En ese caso el tiro le saldría por la culata al Gobierno: mostraría al mundo la maldad del sistema electoral". A juicio de Masó:

"La legitimidad chavista no nace de la boca de un fusil, sino de procesos electorales. A partir de la próxima semana el Gobierno fingirá que en estas elecciones Gobierno y oposición están en igualdad de condiciones, pero tan pronto se conozcan los resultados brotará la verdad. Por eso hay que ir a votar, y prestar atención a los supuestos baluartes del chavismo. Un voto en Guarenas o en el Delta valen por diez en Altamira. Al tramposo lo pone en evidencia la letra chiquita, la votación de los pobres…”.

A mi juicio, no debemos hacernos ilusión con la pretensión de deslegitimar a Chávez y su régimen por la vía de demostrar que el sistema electoral venezolano, aprobado recientemente por la Asamblea Naciona [AN], es perverso y favorece de modo fraudulento al que obtenga la mayoría, o a la mayor minoría. Al menos eso no pasará en el plano internacional.

El sistema electoral en Reino Unido es parecido al de Venezuela pues promueve que los partidos mayoritarios obtengan más curules de las que sus votos representan, está diseñado para que los dos grandes partidos (laboristas y conservadores) se aseguren el control del parlamento. En las elecciones recientes, un partido alternativo (el de los liberaldemócratas liderado por Nick Clegg) logró romper esa hegemonía del bipartidismo; aún llegando en el tercer lugar logró romper la mayoría absoluta de los ganadores, los conservadores, y logró que su fracción fuera necesaria para formar un gobierno de mayoría con el partido conservador de Cameron. Señalaron los analistas que si el sistema no fuera así de perverso, los liberalesdemócratas pudieron haber sido la segunda fuerza en el Parlamento y no la tercera.

Internacionalmente, el sistema electoral británico se ve sólo como una “debilidad” o “defecto” del sistema, pero nadie cuestiona la legitimidad del Parlamento británico, y consecuencialmente de su Gobierno. Lo importante es, al fin y al cabo, que buenas o malas, se respeten las reglas de juego. Tal como ocurre con la elección presidencial en USA, cuyas reglas son –al menos en el siglo XXI– totalmente antidemocráticas; y cuando hace pocos años Al Gore ganó en votos a George W. Bush, y aunque los analistas cuestionaron el sistema, finalmente ganó Bush y ningún país o institución dudó de la legitimidad del Gobierno de Bush. Al fin y al cabo, buenas o malas, se respetaron las reglas de juego.

Es probable que el 26S la MUD le gane en votos al PSUV, pero que no tenga la mayoría en la AN. Aún así, la próxima AN será sin duda más legítima, plural y representantiva que la que tenemos hoy. Las reglas de juego son perversas pero la MUD aceptó jugar con esas reglas y, si se respetan, la AN resultante será legítima, ¡cuenten con ello! Más importante que la deslegitimación será el efecto político de una derrota electoral del PSUV. En el 2012 no habrá circuitos electorales ni escaños a repartir; el ganador se lo llevará todo: la Silla de Miraflores. Una derrota electoral del PSUV el 26S dejará en evidencia que CH es derrotable y que CH no tiene la mayoría. Allí tendrá la razón Masó: “Las elecciones de septiembre han adquirido una trascendencia inesperada, más allá de decidir el futuro de la Asamblea… quizá estas elecciones no sean la batalla final sino simplemente la demostración contundente del valor de la unidad”.

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