lunes, 18 de mayo de 2009

El valor de cambiar

Muchas cosas en nuestras vidas tienen que cambiar, pero no encontramos el valor necesario. Esa es la grande lección que nos dejó ayer Paulo Coelho en su acostumbrada columna dominical.

Relata el conocido autor brasileño que esperando en una estación de tren, con la mente desocupada, se preguntó cuál sería la distancia que había entre los rieles del tren. Un trabajador de la estación le respondió: Están a 143,5 centímetros. La respuesta le pareció extraña y absurda. Lo lógico sería 150 centímetros, u otro número redondo, sobretodo fácil de recordar por los constructores y los empleados. El autor repreguntó al trabajador sobre la razón de esa distancia y este le respondió: - Porque eso es lo que hay entre las ruedas de los vagones; - Pero la distancia entre las ruedas de los vagones se separan así por la distancia que hay entre los rieles, ¿no le parece? - ­Mire: las cosas son así, ¡y punto!

¿Hasta qué punto las cosas son de cierta manera porque sí? Se pregunta Coelho, quien resolvió buscar una respuesta razonable al enigma de la distancia entre los rieles. Una de las explicaciones más interesantes ­y simbólicas­ que encontró fue la siguiente: Las ruedas de los primeros vagones de tren construidos tienen 143,5 cm de distancia entre sí, en razón de haberse usado las mismas herramientas que se empleaban para construir carruajes, y los carruajes tenían esa distancia entre las ruedas porque las antiguas carreteras se realizaron con esta medida.

Se vuelve a preguntar Coelho, ¿quién decidió que las carreteras debían tener esta anchura? La respuesta se remonta a un pasado distante: lo decidieron los romanos, grandes constructores de carreteras. ¿Y cuál fue la razón? Dos caballos tiraban de los carros de guerra de la época ­y al poner lado a lado dos animales de la raza más extendida en ese tiempo, ocupaban 143,5 cm. Finalmente, Coelho terminó descubriendo también que, para complicar aún más la vida de todo el mundo, hay países vecinos que usan anchos de vía diferentes, de manera que un tren tiene que parar en la frontera y pasarle todo su cargamento a otro. Sólo en Brasil hay cuatro anchos diferentes: el francés; el español; 25 mil kilómetros con un metro de ancho y unos pocos kilómetros con 0,76 centímetros entre los rieles.

¿Qué tiene todo esto que ver con la vida? Pues todo, remata Coelho. Efectivamente, en algún momento de la historia alguien apareció y dijo: ¡Deben comportarse de esta manera! ¡Esto debe hacerse así! Y no importa si eso sucedió hace siglos: Los romanos decidieron el tamaño de las carreteras y nadie decidió cambiar las cosas desde entonces. ¿Cuántas veces has preguntado “porqué este trámite se hace de este modo”, y encuentras por respuesta: Porque siempre se ha hecho así? La moraleja es que muchas cosas en nuestras vidas tienen que cambiar, pero no encontramos el valor necesario para hacerlo. Mientras no lo hallemos, seguiremos resignándonos a lo que somos, sonriendo en las fotos, jurando amor eterno, en fin, repitiendo rutinas que alguien inventó, y teniendo esta increíble dificultad para que el tren de nuestra vida transite por lugares donde la medida de los valores es otra. ¡Este es mi punto de vista!

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